sábado, 10 de octubre de 2009

Justificación

De sangre y pintura…
Los grupos religiosos muestran siempre una fascinante y única mística; ella es espejo de los valores, ¿acaso miedos o paradojas humanas infinitamente repetidas? , y procreadora de aquella fuerza espiritual sin parangón, una que no tiene origen en el pensamiento lógico científico por estar plagada de verdades reveladas, y ,sin embargo, ha sido razón única y suficiente, para muchos, por la cual ofrendar la vida de una u otra manera: la fe. Caso sin par y morado es el de la tradicionalísima hermandad del señor de los milagros, organización que se encarga de todas las laboriosas actividades relacionadas al “cristo moreno”: las fluviales procesiones, que son un verdadero reto a la paciencia, a la logística, y a la meticulosidad; la conservación del santuario, cuya antigüedad inherente presenta una labor, por demás, sacrificada; y el mantenimiento de la célebre y preciosa imagen. A su vez, esta hermandad, esta subdividida en cuadrillas que se encargan de transportar a la imagen del señor de los milagros durante el mes de sus festividades (Octubre). Un vínculo tan fuerte como el que existe entre “el Cristo de Pachacamilla” y la fe que le profesan las cuadrillas, sólo puede ser respaldado y mantenido a través de la relación y organización social de sus miembros y grupos, que incluso, antiquísima y orgullosa tradición son conformados por familias enteras que lo han hecho así por generaciones.
La unión de hermandad que tienen estas cuadrillas quizás nos linde a acariciar la respuesta a la interrogante: ¿porque es que ha perdurado desde el siglo XVIII y ha ido aumentando hasta la actualidad?, pues de ocho hermanos en un modesto inicio, hoy las andas tienen que ser cargadas por unos treinta y cuatro; además, ha atravesado las fronteras del país. Entonces, una valía de esta investigación está en determinar si este crecimiento exponencial se debe a la fe pura o a la, ¿acaso viral popularidad?, de esta fraternidad tan contagiosa existente entre cofradías; hermandad que, a pesar de tener base etérea, guarda mucho de “secular” en su práctica popular.
Por otra parte, además de ser un grupo con una cantidad considerable de integrantes, es una organización segmentada (entiéndase con subdivisiones, y no el latiguillo marketero), lo que permite realizar una observación de sumo detalle, puesto que cada “cuadrilla” , a pesar de encausar su fe en un mismo señor de los milagros, tiene un distinto motivo o enfoque de esta.
El observar y analizar las cuadrillas del señor de los milagros parece muy viable, debido a que presenta un interesante ejemplo de relación e interacción grupal. Además, sus creencias y mística son propias de un grupo que, moral y para efectos de este estudio, tiene mucho que ofrecer. Desde ya, y por el poco roce que se ha tenido con el grupo a investigar, ¿prognosis de un catolicismo devoto y casi utópico?, se predice que no es, para los que conforman esta hermandad, un actividad rutinaria y periódica, sino un modo de vida.
Por supuesto, esta observación será dúctil perfectible, holística y etimológicamente, de corte ETIC. Cabe resaltar el esfuerzo en la imparcialidad y objetividad del análisis, puesto que, por sus orígenes populares en un inicio desprovistos de legalidad, quizá más adelante se encuentre un sesgo, ¿acaso remanente?, de un sincretismo idólatra sublimado, a pesar de su legitimidad vigente. Acaso una búsqueda de representatividad popular celestial.

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