Como pináculo de este escrito, a lo largo del desarrollo del presente estudio se utilizaron diversas técnicas investigativas; fueron todas ellas un ensayo de las herramientas otorgadas por el curso de Antropología Social dictado por el antropólogo Armando Millán Falconi.
Se hicieron diversas visitas de campo y, en los niveles embrionarios de estos escritos, se pudieron analizar interesantes conductas, muchas de las cuales secreteaban las conclusiones finales que condensaron las impresiones vertidas por los siguientes colaboradores.
Se tuvo oportunidad de entrevistar a 6 miembros pertenecientes a la cuadrilla 5 de la hermandad del Señor de los Milagros. Con el fin de responder a la pregunta planteada de investigación, se destilan y tamizan los coloquios recogidos en el intercambio con estos creyentes. El resultado a continuación.
Nuestro estudio presente tomó −valga mencionar, después de algunos impases logísticos− como eje central a la cuestión de definir una razón, el definir, si la motivación para formar parte de esta hermandad es de origen intrínseco o extrínseco.
Quisiéramos, antes de diseccionar el tema en cuestión, dejar algunas impresiones devenidas de la abstracción extrospectiva ha la que nos llevó el ver a un grupo eminentemente católico desde un prisma científico (tener en cuenta la dinámica prestada de los conceptos EMIC y ETIC), dado nuestro origen cultural. Pudimos notar, pues, haciendo ejercicio antropológico, que muchas veces las razones que empujan al hombre a tomar verdades reveladas para ordenar su entendimiento del mundo, no necesariamente subyacen de místicos orígenes, hechos necesariamente metafísicos, o “milagros”, sino que vienen del relativismo− concepto que usamos prestado de Harris−; con ello se quiere decir que son venidos del facilismo de encontrar una verdad que satisfaga aquello que no se puede entender con la mente, atribuyéndole un velo sagrado que, incuestionable, ¿acaso alienante?, ¿a-científico?, que sirve de armazón para ordenar sus creencias, después de todo ¿no es paradigma una creencia colectiva, un consenso?, una convención que, dúctil y perfectible, puede cambiar de era en era.
Si bien es cierto, como en la mayoría de formas de pensamientos que no comulgan con el pensamiento lógico-científico occidental, que los vacíos del conocimiento, (como el paso a la muerte, o diversas dudas impropias a los paradigmas actuales) son llenados por diversas culturas en formas de diferentes y maravillosas explicaciones apócrifas , de acuerdo con la perspectiva ETIC, podemos mentar una tendencia sistemática que identificamos en nuestros entrevistados en el mundo de lo tangible: el característico hábito morado. Y es que de lo dicho sobre él se recogen los verbatims “me siento poderoso cuando visto el hábito”, “el hábito me da pureza”; expresividades que condensan de manera global la eficacia que ejerce esta vestimenta en el imaginario de los entrevistados. Con ello se quiere traslucir un deseo que va más allá del entendimiento del mismo sujeto que lo experimenta. En este caso el hombre refleja, en el hábito, una proyección de su alterego (el super yo, puro, santo y poderoso). En sí, para la ciencia, el hábito, así como la parafernalia que le rodea, no representan más que manifestaciones bucólicas, no son un fin en sí mismos, sino que son una sombra, así como explica el concepto aristoteliano del mundo de las ideas, de necesidades supremas, (algunas de ellas básicas) y ese acercamiento a su yo idílico se ve potenciado por esta vestimenta, la reunión con personas que comparten sus creencias, los detentes (que son una suerte de prendedores con imágenes religiosas), y el contacto con las imágenes religiosas. Cabe mencionar, con relación a estas últimas, que el concepto de magia simpatética no es ajeno a este culto, pues, en comunión con lo que se entiende por “magia contaminante” los artículos alguna vez en contacto con la imagen o bendecidos durante su procesión son ampliamente apreciados, de algún modo, contaminados de aquel aire bienhechor y santo que rodea a la imagen. Se dice que un objeto, cuando dentro del cordón blanco al que sólo tienen acceso los hermanos, se convida de una gracia celeste y adquiere algo de la milagrosidad de la imagen: siempre y cuando su bendición sea acompañada con fe y redención.
De la entrevista quisiéramos compartir un hecho para ilustrar lo anterior descrito, recogido de la segunda de ellas “cuando los miembros de la hermandad contaban sobre sus experiencias al momento de cargar el anda, no dejaban de mencionar el hecho que varios fieles que no pertenecían a la hermandad tocaban sus hábitos o besaban sus detentes, con el único motivo de poder estar más cerca del Cristo y así obtener el tan deseado milagro. El solo poder estar un rato contemplando la imagen, como nos cuentan los entrevistados, hace que se llenen de una fuerza inexplicable, se sientan libres, hasta puros, a pesar de que no pueden llegar a describirlo del todo. De modo tal que se convierten como en pequeños portadores de gracia y esperanza para los demás fieles que no han podido ingresar a ese círculo privilegiado, que es la hermandad. Son , en su microcosmos, unos pequeños Cristos.
Quisiéramos mencionar la importancia de su origen, pues durante muchos años los miembros de la hermandad han seguido aquel culto efemérico de Octubre, haciendo recordar la hierofanía que se hizo presente tiempo atrás (relacionada, allende, al ampuloso concepto de tiempo sagrado). Si bien la fe católica durante el siglo XVII, era la de mayor preponderancia en la sociedad (como es hasta estos días, a pesar de que ahora pierde terreno frente a diversos tipos de religión), ella no estaba arraigada tan fehacientemente en el vulgo: entre él, las clases condenas a la esclavitud. Como cuenta la historia, el dibujo de un Cristo moreno en esos tiempos virreinales de represión era tomado como un insulto hacia el catolicismo, pues se profesaba una fe a un Cristo que de piel blanca (que ahora sabemos es completamente diferente, en físico, al Jesús histórico).
Es así como una revelación se suscita, al ser un moreno el que plasma a un Cristo de su mismo color −por justificaciones oníricas (sueños) que tuvo− pintándolo en una pared; una que no se derrumbaría en aquel terremoto de 1655, en donde Lima habíase tornado en un caos por la destrucción. He ahí la dualidad subjetiva de la hierofanía en cuestión, pues, bajo el caleidoscopio que era la tolerancia ibérica en aquel siglo, este hecho no pasaba de una mera coincidencia arquitectónica, un hecho anecdótico; mientras que, para el oprimido mestizo, indio y esclavo de América, representaba una manifestación de la divinidad, justamente dotado de la dualidad subjetiva de una hierofanía. Un mensaje “Dios está con nosotros, Dios es como nosotros” es el reflejo de la significancia de este hecho, un mensaje que rompía esa homogeneidad de desamparo y olvido a la que estaba acostumbrado el peruano de aquella época. Bajo esta segunda perspectiva, que se dotó de certidumbre a esta manifestación, para el pueblo, cuando el virrey mandó borrarla y su orden no se pudo consumar.
Pudimos, al final, entender que no hay forma de absolver completa y polarizadamente nuestra pregunta, pero podemos dar cierta fe−temática, dicho séase de paso− de que la motivaciones no son ni enteramente extrínsecas ni intrínsecas, sino que son una amalgama de motivaciones, culturales, tradicionales, demográficas, económicas (recordar que hay una suerte de apoyo entre hermanos), e incluso sociales− tener en cuenta que algunas posiciones, como la de cargador, están dotadas de un prestigio difícil de clasificar−. Entendimos que este tema ahonda en los más recónditos recovecos de aquello que llamamos silvestremente como humanidad, pues muchas veces la aceptación o el reconocimiento parece ser una motivación y fin primordial para muchos de sus miembros. La necesidad innata del ser humano a sentirse especial y a clasificar también se puede evidenciar en los “privilegios” que gozan algunos círculos, ya sea de mayor antigüedad u obligaciones para con el señor de los milagros. Sea cual sea el caso, es claro que este culto es un axioma del sincretismo en el Perú y, como tesis, podemos ensayar que, desde sus inicios, es cuerpo y sangre de ese deseo de autonomía y reivindicación sudamericano, en un inicio conseguido frente al opresor (el virrey) y, efemérides de octubre, preservado una y mil veces en ese tiempo sagrado contemporáneo que es el mes morado. El Cristo moreno: el Cristo del pueblo.
Soga espacio sagrado
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Interesante el comentario final con las conclusiones, aunque no permite aclarar por qué no es posible determinar si las motivaciones son extrínsecas o intrínsecas... ojo, constato que no se ha colgado la GUÍA DE PREGUNTAS, que fue solicitada en las características del Trabajo Final.
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